lunes, 24 de mayo de 2010

La Cosa aullando por los cajeros

Hace algo más de 6 años que La Cosa abandonó por la puerta trasera el Palacio de la Moncloa. Desde entonces ha dedicado su tiempo y el dinero de los contribuyentes a saldar sus tres obsesiones que le persiguen desde su más tierna infancia :

En primer lugar , acumular dinero debajo de su almohada y así dejar de vivir de un sueldo de funcionario. No quiere que le pase lo de su padre y lo de su abuelo, ambos franquistas de corazón pero sin obtener grandes plusvalías por su lealtad al régimen. Hay que reconocer que este objetivo lo ha logrado sobradamente. A través de su sociedad de cabecera - Fazmatella- ha multiplicado por X sus ingresos conocidos.

En segundo lugar, ha superado sus complejos lingüísticos , lanzándose a disertar a todo aquel que pague por ello en un inglés que le permite salir del paso y dar sentido a su primera obsesión.

En tercer y último lugar, sin tapujos ni medias tintas y haciendo alarde de su condición de patriota de hojalata, dedica sus peores artes a descalificar ante los mercados internacionales la situación de la economía española. No se sabe si además cobra por ello. Todo se andará

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