jueves, 5 de abril de 2012

La seguridad de Zaplana la pagamos todos

Zaplana subiéndose a un yate amigo.
Pocos genoveses son tan hábiles como Eduardo Zaplana para ir saliendo de todos los lodos y fangos que durante años se ha ido metiendo. Su trayectoria publica desde que su nombre y apellidos estuvieran vinculados en el Caso Naseiro ha sido un escándalo en si misma.

Sobre sus vicisitudes, apaños, malas artes, prepotencia, nepotismo, irregularidades están las hemerotecas llenas y un resumen resumido lo podéis encontrar en nuestra biografía no oficial ni autorizada ni desmentida que desde hace ya algunos años mantenemos en red.

Es un genovés de gustos caros si bien no siempre exquisitos .Las anécdotas a este respecto se multiplican y también aquí es todo un pionero a la hora de desarrollar con personalidad el concepto de nuevo rico  que en tantas ocasiones han protagonizado su vida pública y privada.

Una buena parte de sus amistades como no podía ser de otro son tan sospechosas como lo ha sido y lo sigue siendo el mismo. No son casualidad sus paseos en yate con el amoral de Pedro José Ramírez o el ahora condenado Jaume Matas. Como tampoco lo es  sus devaneos con El Pocero y un sin fin de empresarios que con el tiempo han sido llamados a dar explicaciones por sus implicacione en la trama Gürtel.

Y como el que tuvo retuvo una vez más Eduardo Zaplana es estos días noticia aunque todo apunta que lo es muy a pesar suyo. La primera ha estado ligada al nombramiento de su hija como asesora de la Secretaria de Estado de Turismo.Nada nuevo bajo el sol genovés. El nepotismo que ahora es objeto de análisis y comentarios, hoy mismo El País le dedica 2 páginas, para Zaplana ha sido y por lo que se ve sigue siendo una practica habitual. En su caso los ejemplos se multiplican hasta el infinito : Sobrinos, cuñados, primos, conductores etc han sido durante años agraciados con nominas publicas y por tanto, sabe como salir de las criticas básicamente ignorándolas.

La segunda noticia es mucho más delicada para sus intereses y sobre todo para los intereses generales que en este caso como en otros muchos están llamados al conflicto. Nos hemos enterado de casualidad y de rebote que Eduardo Zaplana tiene asignada una escolta de policías nacionales desde hace años incluidos los que lleva fuera de la actividad pública.

Y si ha sido noticia no lo ha sido porque sus colegas genoveses del Ministerio del Interior hayan decidido , como lo han hecho con Baltasar Garzón, reconsiderarla. Más bien lo contrario, por reconsiderar la de Garzón nos hemos enterado los contribuyentes que financiamos los miles de euros anuales que nos cuesta que Zaplana vaya acompañado por dos policías nacionales.

El tema tiene mucha más entidad de la que parece a primera vista. De entrada Zaplana hace años optó por legalizar su situación y ganar dinero sin tapujos. Para ello fichó por Telefónica, la misma ex empresa publica privatizada por Aznar que años después también ha fichado a Iván de la Rosa, marido marido de Soraya Sáenz de Santa María 

Además, salvo de algunas de las amistades inconfesables a las que no puede dar la espalda y el sabe mejor que nadie por qué, Zaplana es un ciudadano más de los muchos que han ocupado cargos públicos tan relevantes o más como los que ha ocupado el. Y resulta insostenible que sea el contribuyente quien abone unos servicios de dudosa justificación máxime cuando trabaja para una empresa que podría, sin alterar sus cuentas de resultado, darle ese mismo servicio si es que la empresa lo estima conveniente.

Y por último, lo de llevar de escoltas a funcionarios públicos tras el anuncio de ETA y salvo excepciones muy excepcionales, es más`propio de personajes que hacen de su seguridad un tema de exhibición impúdica de poder, matriculas falsas de coches incluidas y multas nunca abonadas que de aquellos otros que buscan la discreción en sus relaciones con el resto de los humanos. Y Zaplana, mire por donde se mire, forma parte del primer grupo aunque sus caros gustos los paguemos entre todos.