jueves, 27 de septiembre de 2012

Crónica de una boda genovesa de postín y sin recortes

 
10 años después, el pasado sábado día 22, también estuvo de invitado en otra boda de alto standing. En esta ocasión, gracias a los movimientos internos del escalafón genovés, asistía como Presidente y no como un vulgar Ministro de jornada. En esta ocasión, el que se casaba, también era el chico mayor pero de su Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. El lugar elegido fue Santiago de Compostela.
Tanto una como otra tuvieron en común que ofició la ceremonia lo más selecto del escalafón eclesiástico. En la primera, el mismísimo Cardenal Rouco, mientras que en la segunda, por puro sentido de la proporcionalidad, el elegido fue el Arzobispo de Santiago, Julián Barrio. El evento religioso se celebró en la compostelana colegiata de Nuestra Señora la Mayor y Real de Sar, mientras que el convite en el Pazo de Cores, construido en siglo XVIII y situado en el valle de San Xoán de Barcala.
También tuvieron en común el gran despliegue de genoveses, también de alto standing, que no suelen perderse ni bodas, bautizos y comuniones que les puedan permitir hacerse ver, hacer negocios y lucir sus mejores vestimentas. Por allí pasaron ex Ministros del dictador Franco, como José Utrera Molina, abuelo materno del novio Gallardón Jr, empresarios como Isidoro Álvarez; Alfonso Cortina, Florentino Pérez o Fernández Tapias hasta una parienta Borbón .
Pero junto a estas similitudes había alguna que otra diferencia y algún que otro toque de distinción entre los novios de entonces y los de ahora, entre los respectivos padres de entonces y los de ahora y por supuesto, entre los invitados de El Escorial y los de Santiago.  
De los novios hay una obvia diferencia: Agag ya era entonces un prometedor comisionista aunque sin antecedentes penales, mientras que la novia del chico de Gallardón,  María Teresa Touriñán Morandeira es como Mariano, Registradora de la Propiedad aunque no en servicios especiales.Eso si, por el momento y tras el si quiero ha pasado a ser diferente al resto de sus compañeros de Registro: su nuevo y flamante suegro es en su calidad de Ministro de Justicia  su jerárquico superior.
Pero todo lo anterior, aún siendo importante para su posterior comercialización y venta en papel couché, no es realmente lo relevante de este tipo de encuentros festivos genoveses. Los invitados, los oficiantes, los novios, incluso Aznar & Botella como ahora Mariano y sus subordinados, comenzando por el Ministro de Justicia, son unos meros extras gananciales.
Los realmente protagonistas, aunque no se les invite ni se le informe, son una vez más, los ciudadanos que han pagado con sus impuestos y en tiempos de recortes, un sin fin de gastos colaterales que se producen al rebufo de la celebración de este tipo de festejos públicos & privados. Gastos que, mire por donde se mire, máxime en tiempos de crisis, son manifiestamente prescindibles
Vayamos a algunos ejemplos de la boda del pasado sábado. Tirando por lo bajo y según diferentes crónicas periodísticas, la seguridad de los asistentes, tanto la inmediata y personalizada como la colectiva, reunió a decenas de policías nacionales y a decenas de guardias civiles. Solo en el caso del Presidente del Gobierno, el número de escoltas supera con creces la docena que junto a otros Altos Cargos, hacen que se multiplique por N el número de placas policiales allí concentradas. A estos hay que añadir el refuerzo de seguridad como consecuencia de que se intentaron manifestar un grupo de estafados por el timo bancario de las preferentes.

Además como cualquiera se puede imaginar, a este importante número de efectivos policiales,  hay que añadir otro buen número de coches oficiales con sus respectivos conductores que se dieron cita para los traslados de todos los invitados con RD de nombramiento en el BOE, en el de varias CCAA y Ayuntamientos, como el de Madrid, con su alcaldesa digital a la cabeza. Sobre otros gastos sobrevenidos y variopintos podríamos continuar describiéndolos hasta
provocar vergüenza ajena.
Pero no hay que engañarse ni dejarnos engañar. Una vez más nos encontramos ante aquellos que son especialistas en relativizar este tipo gastos, alegando que son el chocolate del loro. Casualmente son los mismos que no tienen reparo alguno en recortar todo tipo de servicios públicos pero a la vez utilizar recursos no menos públicos para desplazarse y asistir de gorra a estos eventos.
Y por último, sobre el periodismo de investigación y la necesaria transparencia informativa sobre este tipo de asuntos, lo dejamos para  otro momento. A más de uno se le quedara la cara de pasmado si conocieran la lista completa de los invitados.