miércoles, 14 de agosto de 2013

Cascos & Arenas : Lo que la verdad esconde




Como estaba programado, ayer tocaba poner fin a la miniserie veraniega de 5 capítulos que desde hace unos días os venimos contando y que tienen que ver con los efectos colaterales de la declaración ante el juez Ruz que hizo Luis Bárcenas hace apenas un mes.

Pero ayer, como intentaremos explicar, fue un día muy especial para todos aquellos que de una manera u otra seguimos el devenir del denominado en sus orígenes Caso Gürtel y que paulatinamente se ha ido transformando en el Caso Bárcenas para acabar finalmente en lo que siempre ha sido : Caso de la financiación irregular del PP.

Y fue una jornada muy especial por que a lo largo de 7 horas fueron pasando por el estrado en calidad de testigos,  4 genoveses que lo fueron o siguen siéndolo, con diferentes responsabilidades , trayectorias y personalidades que con sus afirmaciones, silencios, evasivas y amnesias selectivas consiguieron que todos los allí presentes se fueran con una misma certeza. Todo lo que dijeron no era cierto salvo alguna cosa que puso en circulación el ex gerente Cristóbal Páez. Vayamos por partes.

En primer lugar, todos los consultados coinciden que el juez Ruz dejó a las partes preguntar sin cortapisas y no puso limites a las acusaciones y a las defensas para desarrollar su trabajo.

En segundo lugar, Antonio Romeral, el fiscal anticorrupción, cubrió el expediente sin pena ni gloria. Poco incisivo y con “ el corazón partío “. De un lado, mirando de reojo para no disgustar a la Fiscalía General del Estado y al fondo del pasillo, al Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón y de otro, consciente que en torno a esta pieza separada, hay evidencias más que evidentes que se dan cita todo tipo de delincuentes y delitos tipificados en el Código Penal que harían las delicias de cualquier Fiscal con ganas de dar sentido a su profesión.

En tercer lugar, se constató una vez más que el número de acusaciones y defensas personadas dificultan sobremanera la agilidad del proceso alargando hasta la saciedad las sesiones que como en la de ayer se pudieron escuchar un sin fin de preguntas idénticas a las que ya se habían realizado anteriormente.

En cuarto lugar y por lo que se refiere a las declaraciones de los 4 testigos esto es lo que dieron de si, que no fue poco :

Antonio Ortiz, empleado de Caja del Partido Popular

Probablemente cumplió sobradamente con las expectativas que sus jefes genoveses tenían previstas. No se salió del guión escrito por la asesoría jurídica de Génova 13. No sabía nada de nada. Era un mandado de diseño. Es decir, coloquialmente hablando, un pringado. Se limitaba a subir y bajar al banco los dineros que le entregaban su superior jerárquico Luis Molero, el cajero original y genuino. No preguntaba ni el origen ni el destino. Reconoció que su firma aparece en unos 40 o 50 ingresos en el Banco Vitoria/Banesto.

Cristóbal Páez Visedo, ex gerente del Partido Popular.

Sin duda pasará como el genovés revelación de la jornada. Brilló con luz propia. Con una trayectoria digna de analizar y dueño de su futuro ha dejado abierta una compuerta por donde se va meter el juez Ruz, seguido de las acusaciones y alguna que otra defensa. Más allá de rencor acumulado que con los años ha ido destilando, su testimonio dejó el rastro de la existencia de facturas y recibís en B que dice que tuvo entre sus manos y que hábilmente no quiso precisar ni quienes eran los que los habían firmado ni que empresas eran las que figuraban en esas facturas.

Admitió con una sinceridad propia del que sabe que los delitos prescriben que cobró 12 mil € de la Caja B. No tuvo reparo en contar a la concurrencia que se los dieron en sobres y en billetes de alto standing el entonces Tesorero Nacional, Álvaro Lapuerta acompañado de Luis Bárcenas.  No tuvo tampoco inconveniente en explicar que se fue de Génova 13 con la doble sensación de haber sido ninguneado por la dirección genovesa, a pesar de su alta cualificación profesional y lo que es peor, que fue víctima de un fuego cruzado entre Cospedal y Bárcenas. Dice que se lo dijo a Rajoy pero que este como es habitual se cruzó de brazos y como respuesta se limitó a encender un puro de los de 30 € la unidad.

Francisco Álvarez Cascos. Secretario General del PP entre 1989 y 1999

Sobre este genovés que en su día lo fue todo y que ayer apenas era algo, hay división de opiniones sobre su testimonio. Unos dicen que estuvo insolente y otros que prepotente. Todos que estuvo desmemoriado y en determinados momentos chulesco. Sea como fuere, el hecho cierto es que entró en la sala como salió. Solo dijo la verdad cuando reconoció que se llama Francisco y sus apellidos eran Álvarez y Cascos. Leyó, hasta aburrir al personal, tantas veces como preguntas le hicieron, los artículos de los Estatutos del PP que se refieren a las funciones de los Secretario Generales. Motivo de tan amena lectura : Negar que entre sus responsabilidades estuvieran las de conocer o supervisar la contabilidad genovesa. Ni sabía ni tenía obligación de conocer lo que se guisaba en esa zona. Por supuesto, nunca cobró en negro y lo que recibió como complemento salarial era una cantidad predeterminada desde hacía “ mucho tiempo “. Se limitó a recibirla y actualizar su cuantía. Todo era transparente y se tributaba por ello.

Este discurso machaconamente reiterado comenzó hacer aguas cuando reconoció que desde 1990 hasta 1993, además de Secretario General, también ejerció como Tesorero en funciones. Todos los allí presentes se quedaron a la espera de cómo explicaría que no conocía la contabilidad genovesa si resultaba que era el tesorero, es decir, el contable mayor genovés. Ni corto ni perezoso, recurrió a su particular amnesia temporal y con ese desparpajo que le caracteriza, alegó no recordar los detalles de aquellos años. Dicho y hecho.

Ese lapsus de memoria no fue obstáculo para que poco después en otro momento del interrogatorio la recuperara y diera con todo lujo de detalles respuesta a una pregunta descaradamente pactada con el abogado defensor del empresario imputado Villar Mir. Respuesta que en síntesis venia a exculpar y de paso a auto exculparse de cualquier irregularidad que se le pudiera acusar en la adjudicación de obra publica siendo Ministro de Fomento a las empresas de este ex ministro franquista.

Javier Arenas Bocanegra. Secretario General del PP 1999-2002

Al igual que su ex compañero Cascos , su testimonio se basó por dosis iguales en mezclar una desmemoria a granel con mentir sin tapujos. Sabía bien que si decía la verdad tenía mucho que perder y poco que ganar. Los allí presentes así lo pudieron constatar tras comprobar que no había pregunta comprometida que no fuera respondida con evasivas, con un no recuerdo, no me consta, no lo se, etc., etc.

No se refugió en la lectura de los Estatutos de su Partido. A cambio reiteró que hasta donde el sabía, entre sus funciones como Secretario General no estaba supervisar la contabilidad. Y que en realidad, esa era una zona con vida propia y autónoma en las decisiones. Por tanto, difícilmente puede opinar sobre algo que desconocía.

Negó tantas veces como se le preguntó haber cobrado en B, ni cuando era cargo orgánico genovés, ni cuando ejerció responsabilidades en el gobierno de Aznar. Todo en A.

No tuvo más remedio que admitir que sí se celebraron las dos reuniones que Bárcenas mencionó en su declaración ante Ruz. Una en el despacho de Rajoy en Génova 13 y la otra en el Palacio de la Moncloa. Eso si, no le consta que en ambas se hablara en los términos que dice el ex tesorero. El estuvo allí pero no se acuerda de nada. Como también admitió con desgana que tuvo un almuerzo en Sevilla a solas con Bárcenas pero que tampoco sabría decir ni cuando fue exactamente, ni mucho menos de que hablaron.

En definitiva y vamos acabando ya, ayer no fue un día cualquiera. Lo sabe sobre todo y ante todo el juez Ruz. Sus sospechas se vieron confirmadas. Entre mentiras y silencios, se abrió camino, gracias al testimonio de un desconocido ex gerente, una nueva vía de investigación que es más que probable que no pasara mucho tiempo, ya se encargará el ex tesorero de que así sea, para que esas facturas y recibís a las que se refirió el ex gerente  puntualmente acaben siendo portada de un diario nacional en el que algunos se desenvuelven como peces en el agua. Tiempo al tiempo.

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