viernes, 22 de noviembre de 2013

La matrioska genovesa : Un gobierno dentro del gobierno



Cuando el CIS pregunta a los contribuyentes la valoración que les merece Cospedal, Cañete o Sáenz de Santamaría, un buen número de esos encuestados no tendrían dificultades para, al menos, situarles como personajes públicos con responsabilidades de gobierno dentro de los diferentes clanes genoveses que circulan a lo largo y ancho de España. Si además, ese mismo CIS preguntara por un tal, Temboury, Pérez Renovales, De la Rosa, González Echenique, Centeno, Díaz Abad, etc. es más que probable que poco o nada tendrían que decir ya que los titulares de esos apellidos son unos verdaderos desconocidos para una inmensa mayoría de los encuestados.

Y sin embargo, unos y otros, no solo comparten la misma nómina que se sufraga con los impuestos de los ciudadanos, sino que tienen en común que forman parte de un club de funcionarios que desde que Rajoy se pasea por los jardines de La Moncloa dirigen, vigilan, controlan, intervienen, deciden, forman su propio gobierno en la sombra y en el BOE.

Dentro de la estructura de la Administración General del Estado están integrados en el cuerpo de los Abogados del Estado, que según el último escalafón publicado, está compuesto por poco más de 650. La estadísticas corporativas informan que de esos, unos 250, se encuentran trabajando en el sector privado, tras formarse y pasar periodos relativamente breves en el sector publico. Otros 350, generalmente los más jóvenes, están en activo y ejercen con eficacia y rigor sus trabajos en diferentes ministerios y organismos públicos. Y por último, el resto , unos 70, se encuentran dentro de una figura administrativa que bien conoce Rajoy, el Registrador y que no es otra que estar en  “ servicios especiales “. Es decir, ocupando “transitoriamente“ puestos reservados a Altos Cargos nombrados por el Consejo de Ministros, parlamentarios nacionales, miembros de Consejos de Gobierno de las CCAA y otros asimilados. Sobre este selecto grupo trata nuestra crónica.

Pero, como en todos los colectivos, conviven de todo un poco : Condenados en firme por los tribunales de justicia, caso por ejemplo de Mario Conde, imputados de postín, como Lamela y Lapuerta; ex altos responsables orgánicos del Partido Popular. Hernández Mancha o Calero; parlamentarios nacionales, Bravo de Laguna, Fernández de Troconiz, García Tizón, Calero etc. y como no, Altos Cargos en los gobiernos de Aznar y Rajoy, véase Eduardo Serra, Arias Cañete o la actual Vicepresidenta, Sáenz de Santamaría. Por estar, está también Jaime Alfonsín, actual Jefe de la Secretaría de la Casa del Príncipe.

En el sector privado también tienen su cuota de presencia : Grandes Bancos, como el Santander o en un selecto número empresas del IVEX, por ejemplo, Telefónica.

Pero sin duda es con el actual Gobierno donde brillan con luz propia, disponen de despacho y coche oficial y forman una tupida red de poder y control que no se recuerda desde aquellos plomizos tiempos en los que tecnócratas de los Planes de Desarrollo se habían hecho los dueños de la Administración franquista.

En realidad su poder se concentra en poco más de 30 de los 70 que están en servicios especiales. Con el BOE bajo el brazo, dirigen la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios, son los propietarios de la mayoría de las Secretarias Generales Técnicas y tienen presencia en centros estratégicos de la Administración : CNMV, CNMC, RTVE, SEPI, etc. Por último, si se confirman el acuerdo alcanzado para renovar el CGPJ, también tendrán su cuota a través de Nuria Díaz Abab, vocal a propuesta del Partido Popular.

Se autodefinen como firmes partidarios de lo público pero como bien señala el Gran Wyoming no tienen complejos en privatizar todo aquello que se les pone a tiro de Real Decreto. Se ponen de ejemplo de sufridos servidores públicos que sacrifican su calidad de vida a favor de la cosa pública pero son los mismos que tampoco tienen complejo alguno en entrar y salir de la Administración como Pedro por su casa bordeando el conflicto de interés que en el caso de que hubiera alguna duda razonable de lo perpetren, son los mismos que se encargan de interpretar sus difusos límites practicando el tan recurrido y recurrible refranero hispano : “ Yo me lo guiso y yo me lo como “   

En esta escasa treintena en los que se centraliza el poder corporativo se dan casos dignos de señalar y que en alguna ocasión hemos comentado. Por un lado, están los que comparten su corporativismo con su propia pareja y/o cónyuge. Valgan dos ejemplos. El actual Presidente de la Corporación Radio Televisión Española y la Secretaria del Consejo de Administración de Banesto o la Vicepresidenta del Gobierno y el asesor del Área internacional de Telefónica. Los hay igualmente que generación tras generación se van dando el relevo en el escalafón y acaban teniendo el suyo propio ( Díaz Ambrona o los Lapuerta ).

Y por último, están aquellos que sin compartir pareja ni escalafón, se reparten durante años y años en rigurosa exclusiva determinados puestos bien retribuidos y situados atendiendo a criterios de jerarquía corporativa aliñada con una antigüedad bien entendida.

Como hemos dicho son unos auténticos desconocidos para la inmensa mayoría de los ciudadanos. Algunos son socios de selectos clubs de golf, viven en distinguidas urbanizaciones alejadas del mundanal ruido y ajenas a cualquier escrache potencial que pudiera suceder , no ocultan sus profundas convicciones religiosas, compatibles como es el caso de María Dolores Cospedal García, con practicas penalizadas por la misma Iglesia a la que adoran y genuflectan y en más de un caso y de dos, pertenecen a las más rancias familias de la dictadura franquista. Hijas de ex ministros y procuradores por los tercios correspondientes se dan la mano y comparten promoción con nietos de cofundadores de grupos para fascistas de los años treinta y siguientes.

Como diría el capo entre los capos Mariano Rajoy en sus inigualables artículos publicados en el Faro de Vigo son los genes familiares los que determinan el futuro de las personas: Un hijo de juez está llamado a ser Registrador de la Propiedad, mientras que el hijo de un albañil, dándose muy bien la cosa, como mucho puede llegar a Aparejador. 

Y mire por donde ser mire, de eso estamos hablando y no de otra cosa.