miércoles, 4 de marzo de 2015

Rajoy y Andalucía : bronceado y votos


Rajoy en Almonte rodeado de palmeros genoveses

La agenda en A de Rajoy es una fuente inagotable de sorpresas. Tiene tiempo para todo y para nada. Se ajusta a la perfección a su forma de ser, a su sentido del tiempo y sobre todo y ante todo, refleja, como tantas veces hemos dicho, su acusada tendencia a no pegar ni palo.
En crónicas anteriores, os hemos ido informando de su peculiar agenda parlamentaria, la siempre cuidada agenda deportiva a la que tanto quiere y tanto se debe, a la que le lleva de un lado a otro, es decir, la agenda internacional, etc.

Hoy, en rigurosa exclusiva, vamos a tratar de pasar a limpio sus relaciones con Andalucía, la C.A más poblada de España y la que más quebraderos de cabeza le da dentro de su propio Partido y con el censo electoral.

A lo largo y ancho de los 1186 días con sus correspondientes noches que lleva de inquilino en el Palacio de la Moncloa, nuestro trepidante protagonista se ha desplazado 45 veces a Andalucía, unas veces para quedarse jornadas enteras de ocio y sosegada lectura del Marca, otros para volver en el día y a otra cosa.

Un resumen resumido, estadísticamente hablando, nos informa que Rajoy ha dedicado más del 51 % de sus estancias a pasear por el Parque Nacional de Doñana y sus alrededores. Es decir, 23 días contantes y sonantes, básicamente a descansar a cargo del contribuyente en el Palacio de las Marismillas.

No es ningún secreto que tal como tiene acreditado, desde que tiene uso de razón laboral, no ha perdonado, ni perdona, ni perdonará un solo día de sus vacaciones regladas, más propias de un Registrador de la Propiedad en servicios especiales que de un Presidente del Gobierno en tiempos de crisis. De modo y manera que no ha habido desde el 2012 una Semana Santa con su cuota correspondiente de los meses de agosto que no se haya desplazado a pasar temporadas con familia incluida al Parque de Doñana.

El segundo porcentaje más destacado de su dedicación a Andalucía, es decir un 36% del total, tiene que ver con la busca y captura del voto de los andaluces y asistir a actos internos del Partido que preside. Para ello, ha sacado tiempo al tiempo y a lo largo de estos 3 largos años, se ha dejado ver 16 veces a las que habrá que añadir otras 5 que tiene comprometidas hasta el próximo día 20 de marzo con su cierre de campaña en Sevilla.

En este apartado no se ha perdido ninguna de las 3 elecciones que desde entonces se han celebrado o están a punto de hacerlo. En las autonómicas del 2012, de la mano de su amigo y eterno perdedor, Javier Arenas, aprovechó para dejarse ver en 6 mítines. Con las europeas del 2014, su participación fue más modesta, para volver a esmerarse con su fichaje de un tapado con nombre y apellidos: J.M.Moreno Bonilla con el que ha participado o lo va hacer próximamente, hasta sumar 8 mítines más un desayuno de presentación en un hotel de alto standing en Madrid.

Pero sus presencia partidista en tierras de Andalucía no se ha limitado a acompañar a los teloneros Arenas & Bonilla. También ha sido utilizada como plataforma para celebrar el XVII Congreso Nacional de los genoveses, reforzar con su verbo fácil algún que otro acto en provincias como Almería y cerrar con garantías de unanimidad unánime el XIV Congreso regional, donde fue designado Bonilla que acababa de ser sacado de la chistera de Rajoy.

Y llegado a este punto, tras explicar a que ha dedicado el 87% de su agenda andaluza, alguien con razón se preguntará que ha sido de ese 13% restante de sus viajes que no tienen que ver con el Marca ni con el voto. Buena pregunta.

Por exclusión hay que decir que no ha sido por ejemplo para visitar a la Presidenta de la Junta de Andalucía. Tampoco para acercarse y conocer de primera mano, sectores tecnológicos o industriales en los que destacan las empresas andaluzas. Como tampoco acercarse a una Universidad, hospital o escuela pública. Nada de eso. Se ha limitado a dar dos encorsetadas conferencias, repletas de publicidad gubernamental para insertar en los telediarios de la 1, a un par de Cámaras de Comercio; asistir a la XXII Cumbre Iberoamericana en Cádiz y de paso sustituir su intervención institucional por un mitin genovés y, por último, hacerse una fotografía a todo color en La Alhambra de Granada con un Presidente de turno de la UE.

Y hasta aquí, ni más ni menos, es lo que ha dado de si su “apretada agenda”. Para Rajoy, Andalucía no es otra cosa que sinónimo de bronceado, el suyo y el de su familia y un potencial caladero de votos que, años a año, elección tras elección, sin embargo, no acaba de calar entre los propios electores a los que se dirige.